Este año se cumple una década desde que el Tribunal Constitucional declarase, en sentencia 34 de 2011, que los actuales estatutos del Ilustre Colegio de Abogados de Sevilla no vulneran la Constitución Española cuando proclaman que esa corporación pública “es aconfesional, si bien por secular tradición tiene por Patrona a la Santísima Virgen María en el Misterio de su Concepción Inmaculada”.
El más alto interprete de la Constitución concluyó que ese patronazgo no infringe el derecho a la libertad religiosa de ningún colegiado, pues no impone ninguna obligación a los integrantes de la institución que, por ende, no ven afectado su derecho a identificarse con cualquier creencia religiosa o a no hacerlo con ninguna de ellas.
Esa proclamación estatutaria se limita a constatar que al igual que el Estado el Colegio es también aconfesional, si bien desde su creación y por ininterrumpida tradición de casi tres siglos tiene por patrona a la Santísima Virgen María, primero en el Misterio de su Asuncion gloriosa según consta en sus primeros estatutos del año 1732 y más tarde en el Misterio de su Inmaculada Concepción, desde que en el siglo XIX Sevilla toda proclamase que María había sido concebida sin pecado original, mucho antes de que Pio IX promulgase el dogma.
El aniversario de esa importante sentencia me anima a resaltar su sentido de concordia, que es también la esencia y el espíritu de nuestra ahora cuestionada Constitución: los principios que fundamentan el estado de derecho hacen tan compatibles como respetables todas las sensibilidades, especialmente las mayoritarias, sean de significación religiosa o de cualquier otra naturaleza.
Por ello no se justifica en derecho ni se entiende en clave sociológica el ruidoso anticlericalismo que padecemos. Nuestra Constitución de la Transición exige el respeto mutuo de las mayorías y las minorías, en todos los ámbitos. Tenemos derecho a ser
respetados al igual que todos debemos hacernos respetables con nuestra actitud de comprensión y tolerancia hacia los demás.
Pero por desgracia vivimos tiempos de inusitada crispación política y mediática propiciada por personajes políticos nefastos que en muchos casos defienden intereses espurios y sectarios, pretendiendo desde muy importantes instituciones “unificar” el pensamiento de la sociedad mediante la proclama via marketing de dogmas de fe políticos, cuando la diversidad social, ideológica y de pensamientos son valores esenciales en nuestra vigente y valiosisima Constitución del derecho, la justicia social y las libertades.
Muchos asistimos con estupor a la intransigencia de minorías y a la proliferación de políticos que mienten y falsean burdamente la realidad, intentando a cada instante manipular torticeramente la opinión pública para engañarnos a todos, como si fuésemos imbeciles serviles y no ciudadanos libres.
Desafortunadamente padecemos muchos políticos que intentan disimular con desfachatez su torpeza e incapacidad. Otros llegan a ser nefastos e incluso malignos. Pero los peores son aquellos que irresponsablemente no aman ni valoran nuestra libertad, porque la consideran un obstáculo para sus ambiciones y politiqueos de bajos vuelos.
En este aniversario del texto constitucional del 78 siento más que nunca la necesidad de reivindicar la libertad, en cuanto valor fundamental del ser humano y de nuestra convivencia en sociedad. Tenemos que defendernos de tanta falacia, tergiversación de la realidad e intentos de manipulación. Es hora de exigir a los políticos que respeten la libertad de todos, que dejen de mentir y cesen en el empeño de confundirnos. Que asuman que preservar la libertad de las personas es la primerísima obligación del Estado, aunque paradójicamente en estos tiempos se hable demasiado poco de ese bien superior que es la libertad.
En este puente de diciembre se unen el aniversario del “evangelio constitucional” con una de las festividades más celebradas en la cristiandad, España y Sevilla: la Inmaculada Concepción, patrona de España y de otros muchos países, entre ellos los Estados Unidos de América, de muchísimas instituciones y de mi querido Colegio de Abogados de Sevilla.
Los valores de ambas festividades son en buena medida coincidentes, pues los cristianos estamos especialmente llamados a respetar las leyes justas y la autoridad legitima (estado de derecho), a ser caritativamente solidarios con nuestros hermanos (justicia social) y a respetar por encima de todo la verdad y la libertad, en cuanto valores esenciales del ser humano creado por Dios.
Festejemos en estos dias la libertad, la verdad y la justicia como garantes de convivencia pacífica y no crispada. Reivindiquemos la política seria, autentica y bienintencionada que la ciudadanía española se merece. Exijamos también menos anticlericalismo en justa reciprocidad al trato que los cristianos dispensamos a nuestros demás conciudadanos.
Que nos ayude en todo ello nuestra común Patrona, bajo cuyo patrocinio está España por secular tradición y también por seguir siendo el catolicismo la confesión mayoritaria del pueblo español. Que así sea y que Ella, Inmaculada Concepcion y Abogada nuestra, nos guarde y defienda siempre.
José Joaquin Gallardo es Abogado
Constitución e Inmaculada, por José Joaquín Gallardo
Este año se cumplen 10 años desde que el TC declarase, en sentencia 34 de 2011, que los actuales estatutos del I. C. Abogados no vulneran la Constitución
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