Después de muchos años al frente del Club Waterpolo Dos Hermanas, Ana Arechavaleta cierra su etapa como presidenta de la entidad. Lo hace después de una temporada especialmente brillante en lo deportivo, con tres podios nacionales de categorías de base y con los equipos absolutos asentados en Primera Nacional femenina y Segunda masculina.
Pero hablar de Ana y del Waterpolo Dos Hermanas es hacerlo de mucho más que resultados. Son años de dedicación, de trabajo prácticamente diario y de una vinculación personal y familiar con un club que ha terminado convirtiéndose en una auténtica familia.
-Llega la hora de dejar paso… para seguir creciendo. ¿Cómo afrontas este momento?
-Con sentimientos encontrados. No es fácil cerrar una etapa después de tantos años, porque el Waterpolo Dos Hermanas ha ocupado una parte importantísima de mi vida. Han sido muchos años de trabajo, de preocupaciones, de alegrías y, sobre todo, de muchísima ilusión.
Pero creo que también hay que saber cuándo llega el momento de dar un paso al lado. Los clubes necesitan renovarse, incorporar nuevas ideas y nuevas personas que lleguen con ganas de seguir haciendo crecer el proyecto. Me voy tranquila porque sé que el club tiene presente y, sobre todo, tiene futuro.
-Son muchos años al frente de la entidad. ¿Se hace difícil mirar atrás y resumir todo lo vivido?
-Muchísimo. Cuando llevas tantos años resulta imposible quedarte con una sola cosa. Detrás de cada temporada hay cientos de historias: jugadores y jugadoras que empezaron siendo niños y niñas y que hemos visto crecer, entrenadores, familias, directivos, viajes, competiciones, ascensos, descensos, alegrías y también momentos muy complicados.
Cuando estás dentro, el día a día no te permite muchas veces detenerte a pensar en todo lo que estás construyendo. Ahora, al mirar atrás, sí eres consciente de la cantidad de personas que han formado parte de esta historia y de todo lo que hemos vivido juntos.
-Y además, demasiados frentes personales activos al margen del Waterpolo Dos Hermanas. ¿También ha pesado eso en la decisión?
-Claro. La presidencia de un club como éste exige muchísimo tiempo y dedicación. Aunque desde fuera pueda parecer otra cosa, detrás hay una cantidad enorme de trabajo que no se ve: problemas que resolver, decisiones que tomar, reuniones, gestiones, competiciones, desplazamientos, búsqueda de recursos...
Llega un momento en el que también tienes que pensar en tu familia, en tu vida personal y en otras responsabilidades. Durante muchos años, el club ha ocupado un espacio enorme en mi vida y mi familia también ha vivido el Waterpolo Dos Hermanas conmigo. Por eso creo que ahora es justo dedicar más tiempo a otras parcelas que durante mucho tiempo han tenido que compartir protagonismo con el Club.
-Habla de familia. “Más que un club, una familia de la que cuesta despegarse”. ¿Es así?
-Totalmente. Y seguramente ésa sea la parte más difícil. De un cargo puedes marcharte, pero de los sentimientos es mucho más complicado.
El Waterpolo Dos Hermanas ha sido y seguirá siendo mi familia. Aquí hay personas con las que he compartido muchísimos años de mi vida. Hemos pasado momentos maravillosos y otros muy difíciles, y eso crea unos vínculos que van mucho más allá del deporte.
Además, éste siempre ha sido un club construido entre muchas personas. Cada una ha aportado su granito de arena en distintas etapas. Yo he tenido la responsabilidad de presidirlo durante estos años y ahora llegará una nueva etapa. Las personas vamos cambiando de responsabilidad, pero el club permanece.
-En lo puramente deportivo, deja la presidencia después de un año histórico, con tres podios nacionales en categorías de base. ¿Es una bonita forma de cerrar esta etapa?
-Sin duda. Es una satisfacción enorme. Los resultados de la cantera tienen un valor especial porque representan el futuro del Club y son el resultado de muchísimo trabajo realizado durante años.
Conseguir tres podios nacionales de base en una misma temporada es algo de lo que todo el Club debe sentirse orgulloso. Pero detrás de esas medallas hay muchas horas de piscina, entrenadores, jugadores y jugadoras, familias que hacen un esfuerzo enorme y mucha gente trabajando para que todo funcione.
Poder despedirme de la presidencia después de una temporada así es muy bonito, aunque el mérito pertenece a todos ellos.
-Y los dos equipos absolutos están asentados en Primera femenina y Segunda masculina. ¿Consideras que el proyecto deportivo está consolidado?
-Sí, y eso también me da tranquilidad. Tener los dos equipos absolutos compitiendo a nivel nacional y, al mismo tiempo, una cantera capaz de estar entre las mejores de España demuestra que existe una estructura sólida.
Evidentemente siempre habrá temporadas mejores y peores. El deporte funciona así. Pero lo verdaderamente importante es que detrás haya una base, una filosofía y una cantera que permitan seguir creciendo.
-El proyecto sigue sólido a pesar de los inevitables cambios generacionales. ¿Ése es uno de los grandes retos?
-Sí. Los clubes tienen ciclos y generaciones. Hay jugadores y jugadoras que terminan etapas y otros que empiezan a ocupar su lugar. Lo mismo ocurre con entrenadores, directivos e incluso con las familias.
El gran reto consiste en conseguir que, aunque cambien las personas, permanezcan la identidad y los valores del Club. Y creo que el Waterpolo Dos Hermanas lo ha conseguido. Hay una estructura y una forma de entender el Club que están por encima de las personas que circunstancialmente ocupemos un cargo.
-Y queda la sempiterna búsqueda de patrocinadores.
-Ésa es probablemente una de las batallas más complicadas y permanentes. Mantener un proyecto deportivo de estas características, con equipos nacionales y una cantera tan amplia requiere muchos recursos.
Tenemos que seguir consiguiendo que las empresas entiendan que apoyar al Waterpolo Dos Hermanas no significa solamente patrocinar a un equipo, significa apostar por deporte, por cantera, por formación, por igualdad y por muchos niños y niñas de Dos Hermanas que encuentran en este club un lugar donde crecer.
Ojalá en los próximos años se consiga avanzar todavía más en ese aspecto porque sería fundamental para poder dar otro salto como entidad.
-Después de todos estos años, ¿con qué se queda?
-Con las personas. Sin ninguna duda. Los resultados deportivos se recuerdan, las medallas están ahí y los ascensos forman parte de la historia, pero al final lo que verdaderamente permanece son las personas y los momentos compartidos.
Me quedo con haber visto crecer a tantos niños y niñas, con jugadores y jugadoras que han pasado prácticamente toda su vida deportiva aquí, con las familias que siempre han estado cuando las hemos necesitado y con todas las personas que han trabajado por el Club sin esperar nada a cambio.
Si después de tantos años hemos conseguido que alguien recuerde su paso por el Waterpolo Dos Hermanas como una etapa importante y feliz de su vida, para mí ése es probablemente nuestro mayor éxito.
-¿Algún consejo para Peggy Stevens como nueva presidenta de la entidad?
-Más que un consejo, le deseo que disfrute muchísimo de esta etapa. Sé perfectamente que habrá momentos complicados, porque los hay siempre, pero también va a vivir experiencias extraordinarias.
Que se apoye en la gente del Club, que escuche, que tenga paciencia y que tome las decisiones pensando siempre en lo que considere mejor para el Waterpolo Dos Hermanas.
Peggy conoce el Club y sabe perfectamente dónde está. Ahora empieza una nueva etapa y tendrá su propia forma de hacer las cosas, como debe ser. Yo estaré para ayudar en todo aquello en lo que pueda, pero ahora le corresponde a ella liderar el proyecto.
-Pero no se va del Waterpolo Dos Hermanas, ¿no?
-No. Dejo la presidencia, que es muy diferente.
Después de tantos años sería imposible desvincularme completamente. Seguiré estando cerca y ayudando cuando sea necesario, pero desde otra posición y dejando trabajar a quienes ahora asumen la responsabilidad.
Creo que también hay que saber hacer eso: cuando entregas el testigo, tienes que permitir que las nuevas personas construyan su propia etapa.
-Y una última pregunta. Si dentro de 20 años alguien habla de Ana Arechavaleta y del Club Waterpolo Dos Hermanas, ¿cómo te gustaría que recordaran esta etapa de tu vida?
-Me gustaría que dijeran que intenté ayudar al Club todo lo que pude y que siempre puse al Waterpolo Dos Hermanas por delante.
No necesito que me recuerden por un resultado, un ascenso o una medalla. Me gustaría que quienes han compartido estos años conmigo pensaran que estuve cuando hacía falta, que trabajé con ilusión y que contribuí, junto con muchísimas otras personas, a hacer un poquito más grande este club.
Porque al final la presidencia termina, los cargos cambian y las temporadas pasan, pero hay cosas que permanecen. Y para mí, después de tantos años, el Waterpolo Dos Hermanas siempre será parte de mi vida.
